ANTARTIDA: MARKETING vs CONSERVACION

Posted by

¿Usted viajaría a la Antártida para verla desde la cubierta del barco? Aunque parezca increíble, un crucero gigantesco como el Star Princess, con capacidad para 2600 pasajeros y 1000 tripulantes, ofrece “Scenic Cruising” por la Península Antártica. Y esta temporada (2007/2008) ha hecho su primera recalada en el Puerto de Ushuaia. La publicidad de la empresa reza: “Es una vista asombrosa y preciosa, dado que el casquete de hielo de la Península Antártica se está hundiendo a un ritmo alarmante, registrado por las muchas bases allí establecidas”. Y sobre la vida salvaje ofrece “ver grandes colonias de pingüinos, focas y abundantes pájaros marinos, mientras se flota ante de un deslumbrante paisaje de hielo en las Islas del Canal”. Estas ciudadelas flotantes no pueden realizar desembarcos en la Antártida debido a expresas recomendaciones del Tratado Antártico, como la Resolución 4 del año 2007, que aconseja a los países, según sus legislaciones, desalentar o declinar cualquier autorización a los tour operadores que usan naves de más de 500 pasajeros para realizar desembarcos en la Antártida, y restringir la cantidad de pasajeros en tierra al mismo tiempo a 100 o menos, a menos que hubiera otra disposición de las Reuniones Consultivas aplicable. Sin duda en estas decisiones han influido los accidentes del M/S Explorer y del M/S Fram, buques que con un mes de diferencia chocaron contra témpanos en la temporada 2006/2007, así como el del Nordkapp, que encalló en la isla Decepcion; el Explorer se hundió mientras que en el Fram, que chocó contra un témpano después de estar dos horas a la deriva, no hubo heridos ni riesgo de hundimiento. .No es intención agobiarlo con una evaluación de los daños sobre la seguridad de las personas o sobre el ambiente que estos hechos han provocado, sino reflexionar con usted sobre el perfil de pasajeros que captan los operadores antárticos, que responden a un abanico muy amplio: desde los hippies maduros que colaboraban con la Fundación Jimmy Carter enseñando a construir viviendas en Centroamérica y estaban realmente comprometidos con la conservación –el caso es real, estaban entre mis pasajeros cuando trabajé como trip leader antártica en 2006-hasta, –como me tocó ver cuando trabajaba en la Base Esperanza en 1997-, el granjero estadounidense de posición económica holgada que, con un vaso de whisky en la mano, disfrutaba del paisaje de la bahía desde el puente del crucero, sin desembarcar, mientras sus compañeros de viaje paseaban y conversaban con los habitantes de la pequeña base argentina.Los operadores y las autoridades tienen por delante una gran tarea de sensibilización que ayude a que el turismo antártico, además de una cuestión de marketing, sea una experiencia de búsqueda, descubrimiento y aprendizaje sobre la fragilidad del ambiente, los vestigios de la historia antártica y un escenario de reflexión acerca del futuro de los confines de nuestro hogar, la Tierra.

Deja un comentario