EL TURISMO ANTÁRTICO

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Redactado en síntesis, para el Programa Antártida Educa, que lleva adelante la Consejería Educativa de la Embajada de España.

Reseña histórica

Los viajeros turísticos comenzaron a frecuentar la Antártida en la década del 50, aunque la Argentina resultó pionera porque en 1933, a borde del buque de aprovisionamiento “Pampa” viajó a Orcadas un grupo que podría ser considerado turístico. Con ellos estaba un locutor muy conocido, Juan José Soiza Reilly, quien escribió artículos sobre su viaje en Caras y Caretas.. En 1958 otro contingente de 200 pasajeros llegó a bordo del buque “Les Eclaireurs” a las islas Shetland del Sur y el oeste de la Península Antártica recorriendo las bases Decepción, Cámara, Brown y Melchior (Quevedo Paiva, 2001).
En 1966 el explorador sueco Lindblad llevó pasajeros con el objetivo de brindarles una experiencia sensible con relación al ambiente antártico y promover una mejor comprensión del rol del Continente Antártico en el mundo. La industria de los cruceros modernos comenzaría en 1969, con el MS Lindblad Explorer, diseñado específicamente para transportar turistas a la Antártida.
En 1977 se iniciaron vuelos regulares de excursión, actividad que fue creciendo con el uso de aviones de pasajeros procedentes de Australia.
Durante el verano austral 2016/2017, unos 44.000 turistas se aventuraron en la Antártida, frente a los 9.000 que la visitaron en 1995/1996, según las autoridades francesas.[1]

La normativa nacional y los convenios internacionales

El marco general lo da el Tratado Antártico aprobado en en 1959 y con vigencia a partir de 1961. En 1992 se firmó el Protocolo de Madrid, que es una suerte de anexo al Tratado, sobre Protección del Ambiente. El Protocolo aplica al turismo y a las actividades gubernamentales y no gubernamentales. En él hay una cantidad de recomendaciones para los operadores antárticos y para los Estados con presencia en la Antártida, en cuanto a cómo proteger los sitios especialmente designados como vulnerables, o de interés científico o histórico; la Guía para los visitantes en la Antártida busca asegurar que todos los visitantes son conscientes y dispuestos a cumplir con el Tratado y el Protocolo.
Las recomendaciones apuntan a proteger la fauna antártica; respetar las zonas protegidas; respetar las investigaciones científicas; tomar precauciones y mantener la Antártida limpia, entre otros fines.
Otras convenciones que inciden en la protección de la Antártida son la Convención Internacional.para la regulación de la caza de Ballenas; la Convención para la conservación de focas antárticas y la Convención sobre la conservación de los recursos vivos marinos antárticos[2].
Además de los gobiernos, hay organizaciones no gubernamentales que actúan en la Antártida: la IAATO (Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos) reúne a las empresas que llevan pasajeros y celebran reuniones para establecer pautas comunes y tener representación ante las autoridades del Tratado. Otras son ambientalistas, como Greenpeace, que propone la creación de un santuario en el Océano Antártico.

El tráfico turístico en la Antártida

La mayoría de los buques tienen a Ushuaia como “puerta de entrada” al Continente Blanco: en la temporada 2017/2018, como siempre sucede, pasaron buques pequeños como el Akademic Ioffe o el Akademic Vavilov (90 pasajeros), o de g ran porte, como el Princendam (830 pasajeros), Zaandam (1805) y Celebrity Cruises (2449 pasajeros). Hay una directiva de no desembarcar más de 200 pasajeros de manera simultánea en sitios antáriticos, por lo que algunos buques se limitan a navegar y que sus pasajeros disfruten de las vistas panorámicas.
Los turistas proceden en su mayoría de Estados Unidos de Norteamérica, China, Australia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Francia, Suiza, Holanda y otros. En la ultima temporada hubo 300 recaladas en el Puerto de Ushuaia, para un total aproximado de 42 barcos, de los cuales 31 fueron viajes antárticos y 11 no antárticos.

Los sitios más visitados

En su mayoría están ubicados en la Península Antártica y sus islas como las Shetland del Sur. Los buques parten de Ushuaia, cruzan el Pasaje Drake (llamado originariamente Mar de Hoces) en casi dos días, y recorren islas, estrechos y bahías, en travesías que pueden durar entre 10 y 18 días contando desde la partida del país de origen. Hanna Point, Isla Danco, Puerto Neko, Jougla Point, Puerto Lockroy, Isla Peterman, Isla Decepción, Isla Aitcho, Bahía Paraiso, y la Isla Media Luna son los sitios más populares.

Responsabilidades

Los gobiernos deben velar por el cumplimiento de las normas, estableciendo controles eficientes tanto en las puertas de entrada como en las bases que administran. La basura que se lleva a Ushuaia o a cualquier otro puerto de entrada, debe ser tratada según los estándares internacionales.
La comunidad residente tanto de las bases como de las puertas de entrada debe comprometerse con el cuidado del ambiente, observando conductas respetuosas con el ambiente y los sitios históricos.
Las empresas (operadores, buques, logísticos, proveedores) contribuyen con la puesta en práctica de protocolos ambientales y de seguridad: un ejemplo sencillo es cuando los pasajeros pasan del buque a los zodiacs para ir a visitar un sitio y deben pasar por un líquido químico desinfectante tanto al salir como al regresar para evitar la portación de gérmenes. Asimismo, la pintura especial de los buques que impide causar daño a los crustáceos que se pegan en los cascos. Y la observancia de procedimientos estrictos para el tratamiento de los residuos.
Los trip leaders y los guías son personajes clave porque están todo el tiempo en contacto con los turistas, brindando charlas durante el viaje, acerca de la fauna y la flora antártica, la historia y las medidas de seguridad. Los guías mediante técnicas de interpretación del patrimonio, transmiten sus mensajes de cuidado del ambiente y de sensibilización, buscando relacionar la experiencia de la visita de un sitio que es reserva de la humanidad, con el impacto que tiene su conservación o degradación en la vida cotidiana de las personas y en el futuro del planeta.
Los turistas pueden contribuir a preservar la Antártida de diversas maneras: llevando un mensaje a sus lugares de residencia, que describa ese maravilloso y único lugar y su importancia en el equilibrio del clima mundial. También pueden con sus gastos, ayudar a financiar programas de investigación: en muchas bases antárticas hay tiendas de souvenirs con remeras, libros, calcomanías y estampillas (Port Lockroy, Estación Palmer). Y por supuesto, no deben molestar a la fauna ni pisotear la escasa y frágil vegetación. Como afirma el periodista James Draven, luego de una visita a la Antártida: “Necesitamos cambiar nuestros hábitos para asegurar la supervivencia. Y para los humanos, la clave para conseguirlo es a través de la educación. Cuando un barco con turistas regrese a casa, lo hará lleno de activistas verdes a bordo”.[3]

[1] https://www.infobae.com/turismo/2018/05/22/buscan-regular-el-turismo-en-la-antartida-para-que-los-viajeros-no-danen-el-medio-ambiente/
[2] https://infuetur.gob.ar/documentos/legislacion_antartica
[3] https://cnnespanol.cnn.com/2017/07/11/el-turismo-esta-aumentando-en-la-antartida-asi-como-las-temperaturas-es-hora-de-suspender-las-visitas/

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