EDITORIAL: +Receptivo +Ingresos +Empleo (parte 1)

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¿Qué hace falta para que la Argentina aumente su caudal de turismo receptivo? Alguien habló de metadata y de cruces que se hacen en la Secretaría de Turismo de la Nación. Big data, metadata, blockchain, internet de las cosas, destinos inteligentes, innovación y todas las herramientas que tenemos disponibles, son eso, herramientas. Hay cuestiones de fondo que no pasan por ahí y acá va una enumeración que ustedes completarán o modificarán según su opinión.

Vamos con lo básico: cuántos y cómo llegan los turista al país, se mueven dentro de él (sean nacionales o extranjeros)  y en qué condiciones son recibidos. Es una cuestión que trasciende al turismo y que en la gestión que está concluyendo estuvo signada por el arribo de nuevas líneas aéreas, la apertura de nuevas rutas, más puertas de entrada y la posibilidad de que muchos ciudadanos hicieran por primera vez un viaje en avión. Es un logro de la cartera de Transporte que impactó fuertemente en la de Turismo.  La oferta de asientos en vuelos internacionales aumentó en 2018 un 29% con relación a 2015. Entre 2015 y 2018 creció un 117% la cantidad de pasajeros que voló sin pasar por Buenos Aires. Quedan destinos emergentes que para crecer deben mejorar su infraestructura aerocomercial, su equipamiento hotelero gastronómico y poder atraer vuelos desde centros emisores, con un buen producto turístico. La apertura de la aeroestación de El Palomar, la posicionó como la tercera del Área Metropolitana de Buenos Aires;  pasaron por ella 800 mil personas y el 40% de los pasajeros que llegaron lo hicieron por transporte público[1].

El sistema aeromercial argentino se debe una tregua en la que los actores se sienten a dialogar sobre el futuro de nuestros cielos, el rol de Aerolíneas Argentinas, la viabilidad de algunas de sus rutas internacionales que no resultan rentables pero que igual se mantienen, y la necesidad de contar con aeronaves (de Aerolíneas Argentinas o de cualquier otra empresa) para vuelos regionales, de 10 a 20 plazas.

Y hablando de transporte, yendo a lo terrestre y doméstico, nos está faltando, como tienen las grandes capitales del mundo, un servicio de tren que conecte Aeroparque y Ezeiza con la red metropolitana. Los pasajeros aprecian enormemente la posibilidad de autonomía que brinda el transporte público, amén de su bajo costo. Y es ante todo, calidad de vida para los locales. Una obra inmensa, pero no imposible, que parece descartada por ahora[2].

La ley 25997 es un buen instrumento para el marco institucional, sobre todo por los institutos que creó y los principios que consagró. Sin embargo es restrictiva: declara al sector privado como “socio estratégico” pero lo pone en cabeza de la Cámara Argentina de Turismo. Vale decir, si no estás asociado a la CAT, no tendrás voz ni voto en la política turística argentina. El estatuto de la CAT es restrictivo, ya que puede rechazar solicitudes de membresía, sin explicar el motivo del rechazo. Una suerte de club con derecho de admisión, que no pasaría de eso, si no fuera porque es quien representa al conjunto denominado genéricamente como “sector privado” que comprende a emprendedores, prestadores de pequeño tamaño, profesionales en turismo, grandes empresas on line, agencias de viajes, hoteles de todo tipo, en fin, el universo es mucho más amplio y diverso de lo que representa la CAT como institución. En tiempos donde la inclusión es un lugar común en discursos, marchas y proyectos, debería revisarse ese punto. ¿En qué afecta al receptivo del país? Solamente los señalados por la CAT participan de las misiones oficiales del Inprotur. En los stands del organismo oficial de turismo se ven siempre las mismas caras, a través de los gobiernos de distinto color político. Flaco favor le hacemos a la innovación, la diversidad, la inclusión y la igualdad de oportunidades. Salvo que esos principio, sean sólo para el marketing. Conclusión: una institución con un estatuto restrictivo no puede ser la representante de todo el sector privado; ahí el Estado debe velar por permitir una amplia participación. Sin ella, estamos mostrando una Argentina parcial y sesgada y empleando de manera discrecional unos recursos que son aportados por todos los contribuyentes.

La promoción del país, su imagen de marca, la participación en las ferias y eventos relacionados, debe responder a un diseño conforme una estrategia que trascienda los gobiernos y colores políticos. Se deben firmar compromisos público-privados para lograr ese objetivo. La Marca País que se había logrado en la gestión de Enrique Meyer había alcanzado una aceptación y penetración en los mercados muy bien lograda, quizás en gran medida por los años que estuvo vigente; sin embargo, fue cambiada por la gestión de Gustavo Santos sin una justificación oficial, por otra que respondió a una decisión no explicitada ni compartida por el organismo oficial de turismo nacional.

El impuesto que se cobra por los pasajes internacionales, conocido como DNT, constituye un recurso propio asignado a la promoción internacional. Han habido denuncias de su desvío para otros fines -aunque fuentes oficiales alegan que se ha hecho en anteriores gobiernos- y de subejecución presupuestaria en la administración de la Secretaría de Turismo de la Nación. Son situaciones que afectan directamente la promoción en el exterior, la participación en ferias y eventos de difusión de la oferta argentina. Conclusión: nos falta continuidad, eficiencia, coherencia y cohesión en las políticas públicas y en especial en aquellas inherentes a la promoción en el exterior.

Programas o planes como Pueblos Auténticos, CocinAR, etc, son buenas iniciativas, buenas ideas, pero reservadas para una élite que tiene la suerte o la maña o vaya a saber qué para acceder al funcionario de turno. Las propuestas deben enmarcarse en un plan participativo, como lo fue el PFETS, donde todos los actores que quisieron involucrarse pudieron participar.

Para la mejora de la oferta, incluyendo mayor transparencia del mercado y sus actores, insistimos con la profesionalización. Pero no el clishé repetido quizás tanto como el de la sostenibilidad, sino el real reconocimiento del rol de los profesionales en turismo y de otras disciplinas, respetuosos de unos códigos de ética, y con una supervisión eficiente por parte del Estado. Es sabido que los mal llamado “idóneos” en turismo son registrados  mediante el pago de un arancel, por quienes en realidad son los sujetos a controlar, es decir, los mismos agentes de viajes a través de su gremial empresaria. A esta altura del siglo 21, tener que lidiar con estos vicios corporativos, atrasa y desalienta al talento que debemos promover para el turismo. La ley que rige la actividad de las agencias, la 18829, es de los años 70 y su actualización está trabada en el Congreso. Han pasado los gobiernos y no han logrado dar respuesta a esta cuestión. Se suceden los incumplimientos, los perfiles falsos en las redes, las estafas, y la ley sigue sin brindar el marco  adecuado.

Recursos y atractivos turísticos, talento humano, planes de marketing, tenemos de sobra. Los estudios de demanda se suceden y hay información muy precisa sobre los mercados a conquistar, consolidar o revitalizar. Están dadas las condiciones para ampliar la oferta de calidad para el turismo internacional, con una abundancia de productos, experiencias y destinos como pocos países pueden mostrar.


[1] http://www.aeroespacio.com.ar/aviacion/la-argentina-sede-del-foro-de-conectividad-aerea-en-latinoamerica/

[2] https://enelsubte.com/noticias/tren-al-aeropuerto-de-ezeiza-es-factible/

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